Aprendiendo a vivir: Lo real y lo irreal

Aprendiendo a vivir: Lo real y lo irreal

Este es un camino en el que más que aprender hay que desaprender

Si ahora te invitase a que traigas a tu mente un recuerdo nefasto de tu vida, ¿cómo te sentirías? ¿Cómo reaccionaría tu cuerpo?

Si te dijera ahora que imagines algo que te gustaría que pasara en tu vida, algo que si supieras que ocurriera, te llenarías de alegría, ¿cómo se comporta tu cuerpo ante eso? ¿Qué emociones experimentas?

Es un ejercicio que nos lleva a una cuestión importante: Nuestra mente no diferencia lo que es real de lo que no. Lo que traes a tu mente lo vives como algo que está sucediendo ahora, cuando, en realidad, aquí y ahora ni está ocurriendo el evento pasado ni tampoco esa fantasía sobre el futuro.

Es importante que seas consciente de esto, porque es la manera en la que empiezas a darte cuenta de que estas casi el 90% de tu vida experimentado lo que la mente piensa, y no lo que se está dando en tu momento presente. Vives tus pensamientos no la realidad, así de fácil y de “triste” es.

Tampoco vemos la diferencia entre lo que percibimos y el verdor conocimiento.

El conocimiento es la verdad, y esa verdad sólo está regida por una ley: La Ley del Amor.

Vivimos en un mundo de percepciones, de cambios y de interpretaciones, no en un mundo de hechos.

Este mundo está basado en nuestra creencia en la escasez y en la separación. Ambas cosas las hemos aprendido, así que nuestro mundo lo experimentamos como algo que hemos aprendido, no que nos ha sido dado, porque en verdad, el mundo nos ha sido dado a tod@s.

La gran diferencia que estriba entre la percepción y el conocimiento es que cada uno conlleva un sistema de pensamiento diferente y opuestos entre ellos.

Lo que percibimos parece real: los sonidos, las imágenes…porque en nuestra conciencia ordinaria (limitada) sólo se admite aquello que concuerda con nuestros deseos. Creamos un mundo basado en ilusiones, y le defendemos a muerte porque, todo lo que no es real, precisa ser defendido.

Permanecemos dormid@s en un sueño, y nuestros sentidos nos muestran la realidad de ese sueño para seguir permaneciendo dormidos.

Sin embargo, existe en nuestra conciencia algo muy superior, llámalo Voz Interior, que nos invita a conocer la verdad, que la sabe, y que también reconoce todas nuestras ilusiones.

Esta voz nos enseña a cambiar nuestra manera de pensar y corregir nuestros errores de percepción.

Si nos abrimos, mentalemente y de corazón, asumiremos que el mundo que nos rodea nos refleja nuestro interior a cada instante: ideas predominantes (creencias), deseos y emociones albergados en nuestra mente.

En realidad todo lo que percibimos en una proyección nuestra. Primero observamos en nuestro interior y decidimos qué clase de mundo deseamos ver (aunque no seas consciente de ello); luego proyectamos ese mundo afuera y hacemos que sea real para nosotros tal y como lo vemos. Conseguimos que sea así mediante nuestras interpretaciones que hacemos de todo lo que estamos viendo.

La mente no para de interpretar…todo lo juzga…todo lo “comenta”. Es como un locutor de radio retransmitiendo un partido de fútbol.

Distorsionamos el mundo real con nuestras creencias, con nuestros deseos, con nuestras interpretaciones y defensas. Y siento decirte, que lo que ves, no está ahí.

Lo bueno de todo esto es que podemos ir reconociendo nuestro errores de percepción y, de esa manera, aprender a pasarlos por alto.

El principal error a corregir es ese concepto que tenemos de nosotros mismos. Este es el primer concepto distorsionado. Hemos aprendido una opinión sobre lo que somos, y es imposible que una opinión, pensamiento o creencia nos defina en nuestra totalidad. No somos un concepto. Este es uno de los grandes obstáculos que nos evita ver el Ser que realmente somos.

Esa sensación de ser inadecuados, insuficientes, débiles, pequeños o de estar incompletos, procede de nuestra creencia aprendida sobre el principio de escasez, principio por el que, desgraciadamente, estamos regidos en este mundo basado en deseos e ilusiones.

Por ello es por lo que nos pasamos la vida buscando en otros y en cosas lo que consideramos que nos falta a nosotros. ¿Crees que si “creyeras” y sintieras que ya estás completo o que eres grande y suficiente de sobra, buscarías algo ahí fuera? Sé tu respuesta…

Amamos al otro para ver qué podemos sacar de él, cuando el Amor verdadero es incapaz de sacar nada.

Tenemos un pequeño yo que intenta engrandecerse a través del mundo con cosas materiales, posesiones, personas, y “amor”; con un amor que no es real porque en este mundo creemos que el amor es un negocio: “si tu me amas, yo te amo”, “si no haces esto por mi es que no me quieres”, “demuestra que me amas o te dejo”, “yo te doy, si tu me das”…y seguiría hasta llenar la página.

En realidad nuestro Ser no necesita nada de eso porque es íntegro, amado y amoroso. No busca obtener de los demás, sino compartir lo que Es. Se extiende y no proyecta. Es consciente de su propia abundancia.

Lo bonito de las relaciones, sean con quien sean, es que son una oportunidad para sanar nuestras propias percepciones y corregir nuestros errores. A través de las relaciones podemos perdonarnos a nosotros mismos, perdonando a los demás. Esto a la mente le parece una barbaridad: “Pero, ¿cómo voy a perdonar eso?” Pues lo perdonas porque quieres ser feliz y quieres ser lo que eres en verdad. No hay razones más que esas. No se trata de razonar ni justificar nada. Se trata de tu percepción, de tus errores y de la falta de conocimiento de quién eres, porque aún piensas que eres un concepto aprendido por ti, un concepto que nace de una conclusión a la que tú, y sólo tú, llegaste.

No perdonas por el otro, que también, sino que perdonas por ti. Si quieres ser libre y recordar el Ser que eres, es mejor que empieces a dar un poco de lado a la mente pensante y vayas en pos de tu paz interior.

 

CONTINUARÁ…..

Con Amor;

Rebeca BenLuz

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