Confiar en ti es mucho más de lo que crees
¿Sabes realmente por qué no confías en ti?
Cuando queremos confiar en nosotros mismos no basta con decírnoslo pues la mayoría de las veces ni nos lo creemos.
No confiar en ti supone no sentirte capaz, es decir, no creer que tengas las capacidades suficientes para hacer, sentir o tener la vida que te gustaría y que, te adelanto, tanto te mereces.
¿En qué momento de tu vida dejaste de sentirte capaz? ¿Cuándo comenzaste a desconfiar de ti?
Algo que yo he descubierto en mi trabajo personal es que principalmente dejamos de confiar de nosotros mismos en el momento en el que empezamos a desconfiar de nuestras emociones, de lo que sentíamos.
Cuando éramos pequeños si nos enfadábamos o llorábamos, nos dijeron que eso no estaba bien y por lo tanto creímos que lo que sentíamos no era bueno y no podíamos confiar en ello. De esa manera empezamos a desconfiar de nuestras emociones y nos fuimos separando de ellas.
Las emociones forman parte de nosotros. Cuando dejamos de confiar en ellas dejamos de confiar en una parte de nosotros mismos.
También cuando teníamos ideas u opiniones seguramente no eran importantes en nuestra casa y no se tenían en cuenta, incluso nos decían que no pensáramos así o que nos calláramos. Entonces dejamos de confiar en nuestras ideas y opiniones, dejándolas a un lado y asumiendo los pensamientos e ideas de los que nos cuidaban para que no se enojaran con nosotros y sentirnos queridos, aceptados y no rechazados. No hay nada más doloroso para un niño que sentirse apartado de la familia, el bicho raro o la oveja negra, así que preferimos renunciar a nuestras ideas e integramos las de los demás. Dejamos de confiar en nuestras ideas.
Nuestras ideas, opiniones o pensamientos forman también parte de nosotros, así que al desconfiar de ellas también dejamos de confiar en una parte de nosotros.
En nuestras espontaneidad y curiosidad infantil podíamos hacer cosas que nadie entendía y que incluso criticaban, como arrugar un papel y decir que era un árbol. Entonces alguien venía y nos decía que dejásemos de hacer tonterías, que eso no se parecía a un árbol y que nos estuviésemos quietos.
Nuestras ganas e impulso por descubrir, por curiosear, por crear se vieron reprimidas por el deseo de nuestra madre o nuestro padre de que fuéramos un niñ@ tranquilo y quieto, que no se moviera de su sitio ni «diese guerra». De esa manera el descubrir, jugar, curiosear y crear se convirtieron en cosas peligrosas que podían hacer que nuestros cuidadores se enfadaran y nos dejaran de querer. Empezamos a desconfiar de esa parte de nosotros que nos daba alegría y placer.
Tiene sentido que poco a poco hayamos aprendido a perder la confianza en nosotros mismos y que ya no sepamos quiénes somos. Renunciamos a quienes éramos para convertirnos en el niño que nos decían que teníamos que ser, desconfiando de nuestro sentir, de nuestras ideas, de nuestro entusiasmo por las cosas, de nuestro hacer y de nuestro estar.

¿Cómo podemos recuperar entonces nuestra confianza? Deshaciendo ese camino.
Podemos recuperar nuestra confianza emocional conectando de nuevo con nuestro sentir hasta llegar a sus profundidades. Empezar a relacionarnos con nuestras emociones viendo que no es malo sentir y que tampoco es peligroso. Asumir e integrar nuestra parte emocional, reconocerlo en nuestro cuerpo y pasar tiempo con nosotros mismos para darnos permiso para sentir cada día.
Podemos recuperar nuestra confianza mental aprendiendo a observar nuestra mente, viendo todos aquellos contenidos mentales que no son nuestros. Observando nuestras creencias, nuestras conclusiones infantiles, escuchando las voces de nuestro padre y nuestra madre que aún permanecen ahí diciéndonos cómo tenemos que ser. Aprender a elegir qué pensamiento es útil para la vida que quieres, qué pensamiento te es útil para recuperar tu confianza. Los pensamientos no son algo fijo, sino opciones que puedes creerte o no. La meditación es una herramienta que te ayuda en este paso, bueno, en todos realmente.
Trabajar con mindfulness te ayuda a estar en el instante presente conectando con tus emociones y no dejarte arrastrar por los pensamientos repetitivos del pasado. Te ayuda a verte desde el aquí y ahora pudiendo responder más acorde a quién eres en realidad y con lo que quieres en tu vida.
También te ayuda para el tercer elemento: recuperar tus ganas de curiosear la vida, de crear, de disfrutar. Mirar con ojos nuevos el mundo, siempre desde una actitud de principiante, sin juicios que te hagan caer de nuevo en la desconfianza. Mirando desde esa actitud todo lo que te rodea en el momento presente vuelves a conectar con la vida, a confiar en ella pues ves todo lo que te ofrece instante tras instante.
Confiar de nuevo en ti es un trabajo de desaprender todo lo que aprendiste para desconfiar de ti y devolverte a quien tú eres en verdad. Y quien tú eres en verdad se merece toda la confianza y amor del mundo.
¿Qué vas a hacer hoy para trabajar en tu confianza?
Con Amor;
Rebeca BenLuz


