El sol, siempre radiante, se hace visible cuando despejamos las nubes.
» El secreto de dejar ir es la entrega absoluta» – Dr. David R. Hawkins
- Suelta y deja hacer a Dios.
- Aquiétate y conoce que el Todo está en ti.
- Entrégale al universo aquello que no te pertenece.
- Entrégate tú a lo que Es.
Hace unos años uno de los escritores que más que gustaba y me sigue gustando leer es el Dr. David R.Hawkins.
De todas las obras que he leído de él, ninguna tiene desperdicio, diría que las que más contribuyeron en mi crecimiento fue «El poder contra la fuerza» y «Dejar ir».
Reconozco que la lectura ha sido para mí una preferencia que ha demostrado sus frutos con el pasar de los años. Mientras otras personas cercanas a mi invertían su tiempo en televisión, revistas y periódicos «tradicionales», o en estar todo el día fuera de casa…a mi me apasionaba leer, y desde muy pequeña (mi primer libro de psicología lo leí con 8 años) siempre he tenido un nuevo libro en mis manos.
Hubo una temporada en la que no mostraba mucho esta pasión por la lectura sobre psicología y espiritualidad ya que cuando en mi entorno salía el tema, me tachaban de «profunda» y mi apariencia externa parecía no tener que acompañar a mi inteligencia, así que aprendí a estar calladita y limitarme a ser el estereotipo de chica que sólo puede ser guapa pero no inteligente. Ser las dos cosas ponía en riesgo mis relaciones haciendo que se alejaran de mí al sentirse intimidados. Así que yo continúe con mis lecturas a escondidas y en soledad, ocultando esa riqueza de la que los libros me proveían al aplicar sus conocimientos y quedándome en una faceta más superficial que es lo que se esperaba de mí.
Recuerdo una conversación que tuve una vez con mi hermano mayor respecto a un problema que tenía con mi pareja de entonces. En esa conversación me dijo algo que me tocó bastante el corazón: «Rebeca, yo veo en ti todas esas cualidades que pueden llegar a intimidar a cualquier hombre. Todos decimos que queremos una gran mujer a nuestro lado, pero eso no es cierto. Al final preferimos algo «normalito» y «ordinario» para que nuestro ego no se sienta de menos ni amenazado. Lo que tú desprendes es como algo que no podríamos controlar. Tu profundidad, madurez, espiritualidad e inteligencia no está hecha para los hombres de estos tiempos. O abandonas todo eso y te conviertes en una mujer «normal», o me parece a mi que te vas a quedar sola. Ya eres guapa, ¿para qué quieres más? Puedes tener a quien quieras, deja de ser tan profunda que eso no te ayudará en esta vida».
Tal cual fue la conversación, porque cuando algo te impacta emocionalmente se te quedan las palabras grabadas a fuego. Y yo me creí cada una de esas palabras. ¿Cuál fue mi respuesta? Renunciar a mi interior, por lo menos de puertas para afuera, aunque en mi espacio personal seguía leyendo, escribiendo, aprendiendo, practicando y meditando. Como el entorno en el que vivía no me acompañaba en todo esto, me acostumbré a hacerlo sola y a no compartirlo con nadie. Ni lo comprendían, ni hablaban el mismo idioma, se llegaban a asustar algunas veces y la frase «ya estás con tus cosas» me había cansado de escucharla.
Con el tiempo renuncié a mostrar esa parte de mí, incluso llegué a sentir vergüenza de esas cualidades, así que sí, bajé mi nivel para ajustarme a mis parejas y entorno. NO sabía el daño que me estaba haciendo yo misma con ello. Ese dolor no lo vemos, pero está ahí, en el inconsciente del ego, y nos vamos generando una culpa inconsciente por haber elegido abandonarnos y ponernos en segundo lugar.
Cuento esta anécdota como ejemplo de lo que hacemos cuando no estamos dispuestos a soltar y dejar ir. Con tal de «ajustarme», «adaptarme», justificaba esa renuncia de mí con todo tipo de razones menos con la verdad de que me daba miedo dejar ir.
Había normalizado que no compartir mi mundo interno era «normal». Que no compartir con tu entorno más cercano o tu pareja el mismo idioma o profundidad, era normal. Que bajar mi nivel y ajustarme al otro era lo normal. Y así uno se autoconvence de mil maneras con tal de no soltar y dejar ir.
No nos damos cuenta de que cuando vamos normalizando todas esas cosas, lo que estamos haciendo es separarnos de nosotros mismos, del amor real que hay en nosotros, y comenzamos a abandonar partes de nosotros que son las más auténticas para no enfrentarnos a los sentimientos de soltar y dejar ir.
Utilizamos expresiones como «a mí me da igual lo que piensen los demás. Yo me comporto como soy aunque no lo compartan los demás». Esa mentira que nos decimos, que yo misma me decía, nubla la verdad de que en el fondo nuestro corazón desea compartir nuestra autenticidad y profundidad con aquellos que se encuentran en nuestro mismo mundo interno, que hablan nuestro mismo idioma, que quieren compartir horas y horas de lo que nos importa en verdad, y ser amados en esa profundidad de quienes somos realmente.
Sólo cuando paramos y escuchamos la verdad de nuestro interior es que nos daremos cuenta con honestidad y humildad que nos da miedo dejar ir lo que no es para nosotros. Forzamos las piezas durante mucho tiempo. Nos sacrificamos por mantenerlas ahí, pero lo único que hicimos fue dejar de crecer y renunciar a lo que nos hacía valiosos.
En mi soltar y dejar ir de mi entorno me encontré con los apegos que mi mente había creado para con los demás y con el exterior; con creencias y emociones ocultas que era necesario dejar atrás.
Cuando fui haciendo frente a los apegos y asumiendo los miedos que estaban tras ellos, fue que experimenté una liberación de energía en mi interior reconociendo que era en verdad el amor. Fue en ese instante que fui consciente de que jamás había sentido amor, nunca, y que había mucho más para mi fuera de los miedos y apegos de mi mente. Sólo necesité ese poco de amor para tomar nuevas decisiones en mi vida. Si con sólo esa experiencia y ese poco amor que acababa de liberar, de darme, fui capaz de tomar decisiones como las que tomé en ese momento…¿qué no sería capaz de hacer dejando ir más cosas y con mucho más amor?
«Dejar ir es dejar entrar. Es dejar llegar» decía Buda. Y lo que dejas entrar es el verdadero amor en ti. Lo que dejas entrar es de nuevo la autenticidad de quien eres, recuperando todas esas partes que te hacían valioso y único. Entonces a tu vida llega todo aquello que te acompaña realmente en tu viaje, lo que sí quieres que te acompañe para seguir elevándote más allá de lo que imaginas; personas y situaciones donde el compartir cobra sentido de verdad, un compartir de esa creatividad de la que el amor te dotó que no tiene límites.
Dejar ir sólo duele cuando te resistes a soltar. Pero si te entregas por completo, con confianza, fe y rendición, será más fácil de lo que tu mente te hace creer. Todo es fácil y amoroso si así lo eliges. Entrega esa creencia de que tiene que doler y ser difícil. Tal vez los demás elijan que sea así, pero…¿y tú? ¿vas a elegir lo mismo?
Desea y elige dejar ir. Desea y elige soltar. Siempre estás acompañado al hacerlo. Sólo elige…
Con todo mi Amor;
Rebeca BenLuz




