El amor de Dios, el amor del Espíritu, es un amor embriagador. Una vez que lo hayas experimentado, te conducirá cada vez más profundamente a los dominios de lo eterno. Ese amor jamás será arrebatado de tu corazón, sino que arderá allí, y en ese fuego encontrarás el gran magnetismo del Espíritu.

– Yogananda-

«Jamás renunciaría de nuevo a mi autenticidad. Ya renuncié a ella en otros tiempos y perdí demasiado de mí, de mi amor. Ya atravesé esa franja donde dolía mi propio abandono que salió aún más a la superficie cuando, al ir recuperando mi verdadera Esencia, mi autenticidad, aquellos que venían acompañándome durante mucho tiempo se fueron alejando. Era o yo o ellos. Era mi autenticidad o aquel traje donde me había ocultado. Era mi corazón o mi mente. Era la mentira o la verdad. Era amarme para avanzar o seguir olvidándome de mi para mantener lo viejo. Entonces me hice una pregunta…sin mi autenticidad ¿qué me queda? Nada. Así que me elegí a mi; solté, lloré y proseguí mi viaje agradeciendo lo anterior, pues todo aquello me había traído hasta aquí, hasta mí.  «

«El Amor más grande»- Rebeca BenLuz-

Si algo hace el Amor Real dentro de uno mismo es ir destapando muchas verdades que en apariencia, duelen. Y digo apariencia porque la verdad nunca duele, lo que duele es la mentira que sale por fin a la luz para ser descubierta.

La verdad es la autenticidad que va saliendo a medida que vas amándote y cuando esa autenticidad empuja para querer salir los miedos también se hacen evidentes.

Miras a tu alrededor y te das cuenta de que tu yo auténtico no se siente tan cómodo como creías estar antes. Puedes sentir como eres un desconocido para quien tanto tiempo te ha acompañado. Vas dejando de serlo para ti mismo a medida que te amas y te recuerdas quien en verdad eres, pero para el resto ves con claridad que no te conocen, que en verdad no saben quién eres, y también te das cuenta de que eso les importa un pito. Yo tuve que ser muy honesta en esto. En aquellos entornos importaba el personaje, importaba la apariencia, importaba que te ajustaras a ese rol que aprendiste a hacer, importaba que te mantuvieras dentro de ciertos parámetros mientras ibas cediendo a todo aquello pensando que era lo correcto. Pero llega el momento en el que el Amor Real te pone de frente a la Verdad, ¿a qué verdad?: que tú no eres todo eso. Ni lo eras, ni lo eres, ni lo serás.

Entonces el miedo aparece, las dudas te conquistan hacía un lado o hacia el otro. Sabes que ahí no eres auténtico, que ahí no eres tú completamente, que no eres comprendido ni amado plenamente, porque ¿quién va a amarte plenamente si no estás siendo tú mismo? De hecho, si tu no aceptas tu autenticidad y la amas completamente, difícilmente el de enfrente te amará plenamente. Se encandiló de tu traje pero no de tu esencia, de tu autenticidad. Y sin ese traje realmente no le gustarás. Verá de ti lo que su mente quiere ver, te ajustará a sus ideas y creencias, te convertirá en aquello que le convenga y no sentirá quien tú eres en verdad. Ni siquiera le hará gracia la espontaneidad de tu ser; será corregida o controlada mediante miradas de reproche o suspiros que esconden desprecio. El juego que se proyecta es un «te quiero y a veces te odio o no te aguanto» que se normaliza, como si eso fuera parte del amor. Y no, no lo es.

Hay personas con las que hablo donde puedo ver en su rostro y en sus ojos ese malestar de estar enfrentándose a la elección de su autenticidad en todos los lugares o decidir si seguir arrastrándose un poco más en la renuncia a su autenticidad para mantener lo que para su Ser real ya no es sostenible.

Nos equivocamos y engañamos si pensamos que podemos vivir siendo auténticos a ratos, con ciertas personas o en ciertos sitios. El Amor Real no trata de eso. No es amarte a ratos y aceptarte unas veces sí y otras no. No, el Amor Real no funciona así. Dios no te ama a veces si y a veces no. Te ama plenamente y a tiempo completo. Te recuerda una y otra vez que seas tú mismo y que no renuncies a ti por nada del mundo. Intenta, con mucha paciencia y compasión, que sientas la verdadera felicidad y gozo de tu ser que proviene de tu completa autenticidad.

Cuando yo me pregunté: si no soy autentica, ¿qué me queda? me di cuenta de que no me quedaría nada. De que si no dejo salir mi autenticidad no podría expresar el amor ni hacia mí ni hacia nadie, ni permitirme vivir ser amada por los demás por quien realmente soy. ¿Cómo iba a renunciar a mí misma y perderme el vivir la experiencia de compartir mi amor y que el otro comparta su amor conmigo de manera plena desde nuestra autenticidad? Ser aceptado por ti mismo y encontrar a alguien que te conozca en verdad y te acepte totalmente es una experiencia que multiplica el amor por mil.

No obligarte a ti mismo a ajustarte a lo que no eres y que el otro no pretenda ajustarte a nada es una alegría inmensa para el corazón porque éste se abre aún más al amor por ti y por el otro.

Cuando te entregas  al camino del Amor en tu interior llega ese momento en el que tienes que enfrentarte a una entrega aún mayor. Entregar el pasado, entregar lo que ya no es, lo que no está alineado con tu autenticidad, lo que se siente incómodo para tu alma y que parecía cómodo para tu mente. El Amor Real requiere de mucho espacio, tu Ser auténtico requiere de mucho espacio, ese espacio que estuvo ocupado por lo que no eres y por todos los apegos que se fueron acumulando a lo largo del tiempo, pero que ahora deben de ser entregados para alinearte con tu verdad, con tu Ser, con tu autenticidad…con el Amor Real…con Dios.

Buscas ya esos lugares y personas donde tu autenticidad es, no sólo amada, sino también celebrada, tal y como sucede en tu interior cuando te permites y te comprometes con tu autenticidad, tu Ser se llena de gozo y alegría, baila y salta en tu corazón, en ese espacio tan maravilloso que le has abierto, donde los miedos se desvanecen al ser sustituidos por la verdad y el amor, por la aceptación y la libertad. ES Dios mostrándote donde se encuentra la verdadera dicha, y te dice…¿te imaginas sentir esto no sólo un rato, sino durante casi todo el día? Y es ahí donde te das cuenta de la necesidad que tiene tu alma de liberarse y estar donde es honrada y no en esos sitios donde te vuelves a ocultar por el miedo, por las culpa, por la pasividad del ego, por sus condicionamientos, por sus normas…ya no quieres eso. Quieres vivir en la Verdad y desde la Verdad.

«La libertad es una dimensión esencial de la dignidad humana. Sin embargo, en el mundo de la materia hay fuerzas externas que la limitan, que limitan nuestra libertad de Ser y de actuar. NO caigas en esas fuerza externas y recupera tu Poder interno. Hay una gran importancia de ser libre por completo: libre de temor, de ansiedad, del miedo a la muerte, del miedo a no ser amado, del temor a la soledad…. Cuando se alcanza la libertad interior, se desvanece todo miedo. Sólo un estado de libertad interior puede sostener el amor incondicional dentro de ti. La verdadera libertad va unida al Amor, a la Autoresponsabilidad y a la Autenticidad». -Krishnamurti-

Es mediante tu autenticidad que el Amor Divino despierta completamente tu Espíritu volviéndote magnético para todo aquello que suma a tu Ser, que es más amor y más gozo. No permaneces donde la energía se apaga bajando todas tus defensas del cuerpo, no. Vas allí donde tu energía es elevada aun más. Donde vas cargado de energía de amor, de autenticidad y donde el otro la comparte contigo para elevaros juntos.

Si, atravesé el soltar todo lo viejo que no tenía que ver con mi autenticidad, con mi Amor Real. Atravesé el dolor del soltar, ese dolor que sólo el apego puede generar con la resistencia del ego que se niega a desaparecer en la autenticidad. Me rendí, me arrodillé al Amor, a Dios, a mi soledad…y en esa rendición encontré un éxtasis de libertad, de Amor Profundo, de un acompañamiento pleno por mí misma y por lo Divino. Y cada vez que lo necesito, vuelvo a rendirme, una y otra vez…por que cada vez que me rindo al Amor mi autenticidad crece, se expande y con ella mi gozo, mi amor por mí, por la Vida, por Dios, por todo.

No, no me quedaría nada sin mi autenticidad. Ella me lo da todo. Porque en mi autenticidad estoy conociendo a Dios, estoy conociendo el Amor Real. Mi autenticidad es ser lo que soy en unión con lo Divino, expresándose cómo quiere, en libertad, en este pequeño cuerpo humano, tal y como vino a expresarse. Y renunciar a esta autenticidad sería quitarme a mí misma todo. Seria vivir desde la deshonestidad, desde el no honrarme, desde el no respetarme, desde el no valorar lo que soy. Renunciar a tu autenticidad es despreciar lo que eres y lo que viniste a hacer a este mundo.

Si comprendes desde tu corazón que mereces todo el amor que hay para ti en la verdad Divina…Si integras sólo esto, no permitirás que otros no valoren y amen plenamente tu autenticidad, empezando por ti. Si eliges la belleza del Amor…te darás cuenta de que algo hermoso que la vida quiere regalarte es a aquellos que se enamoran de tu autenticidad desde su propia autenticidad. Aquellos que desde el descubrimiento de su propio Amor y Divinidad honran y adoran tu Amor y tu Divinidad.

No renuncies a tu autenticidad, no temas ser tú mismo, a cada momento, en cada lugar…no temas elegirte a ti, no temas salir de donde tu esencia no se siente cómoda, amada y honrada completamente. Dios no soltará tu mano ni te abandonará cuando eliges dar el paso hacia la verdad íntima de tu Ser, de tu autenticidad. Donde invitas a Dios estás invitando al Amor Real, y si eliges el miedo o al ego no podrás hacer espacio a lo Divino ni a lo Real. Pero si das el paso con Fe, Amor y confianza, lo que hay al otro lado es indescriptible…es tu YO Real y el Plan De Dios, un Plan Divino grande, tan grande como lo que eres tú. Será tu cielo en la tierra, la verdad última… eso que tu corazón anhela y te cuenta cuando cierras los ojos y te paras a sentirle: El Amor Profundo del Alma expresado en tu autenticidad, a la que abrazas y honras siendo fiel a tu corazón…leal a tu sentir…dando la cara por lo que eres y por quien eres. No hay mayor felicidad para Dios que verte feliz, y tu felicidad está ahí, en alinearte con tu alma, con tu autenticidad…

Deja de buscar el perfeccionismo del ego, busca tu autenticidad y experimenta la Verdad por ti mismo.

Con todo mi Amor;

Rebeca BenLuz