Nos hemos puesto tantas etiquetas, tantas máscaras, tantos «yo soy» como ausencias de amor que arrastramos
«Donde estoy yo no está Dios».
Esta frase se me quedó clavada cuando me la dijo mi coach de Ascensión en una sesión. Desde entonces descarto, en cuanto me doy cuenta, a ese yo que quiere sustituir a Dios todo el rato y que busca apartarme de Él para hacerme creer que Dios no es real, que el Amor Perfecto no existe y que él es de verdad
«El Amor más grande» – Rebeca BenLuz-
Hace mucho tiempo me enseñaron a trabajar con el «Yo Soy».
Era algo así como una nueva programación para enseñar a mi mente lo que quería ser y sentir en vez de seguir repitiendo las mismas creencias nefastas sobre mi misma. ¿Funcionó? Bueno, algo de ello pudo quedarse por ahí…Esa vivencia me enseñó más bien que a mí no me servía creer en nada nuevo; yo necesitaba sentirlo. No sabía de qué lugar tenía que provenir, pero así conmigo las cosas nunca habían funcionado. Que la misma mente que me estaba metiendo en problemas me sacaría de ellos, no lo veía.
Cuando yo me divorcié llevaba ya años en el camino espiritual y de desarrollo personal, y algo había podido llenar mi copa de amor. El último proceso que viví antes de separarme donde me enseñaron a permanecer con mis emociones me había ayudado a acercarme mucho más a mí, a conocerme algo más y comenzar a darme algo de amor. El dar salida a muchas emociones y reconocer lo que ya no quería seguir viviendo y lo que sí me dio la energía suficiente para sentir con claridad algunas cosas en mi interior. Una chispa se había encendido.
Recién llegada a mi actual ciudad ya podía sentir más vivamente esas frases sobre mi del «yo soy»; me salían solas desde un lugar diferente al de hacía años. Paseaba por la montaña y por la playa escuchando esas palabras que me hacían sentir más la verdad. «Yo soy amor, yo soy un ser divino, yo soy abundancia, yo soy maestra, yo soy escritora, yo soy terapeuta, yo soy luz…»
Si, algo había cambiado. Esas frases ya no las decía la Rebeca de antes.
Fue un paso enorme pasar de decirme esas frases a escucharlas sin decirme «yo» nada.
Durante unos meses podía sentir la energía de otra manera y mucho más cercana a algo más profundo.
Y fue cuando conocí a mis últimos maestros donde profundicé en estas etiquetas del «yo soy».
Tras casi año y medio trabajando con ellos, un día estaba sentada en mi salón y dije: Dios, entonces ¿soy escritora tal y como me dices? Su respuesta fue: si, pero no como tú te crees.
Entonces, con los ojos cerrados, le pedí que me mostrara la verdad. Pude ver cómo todas esas etiquetas, junto con muchas otras, eran fabricadas con la intención de llenarme ausencias de amor y cubrir necesidades de mi ego. Mi ego, ese yo que cada vez me estorba más en mi camino, buscaba sentirse importante, valorado, respetado, reconocido, escuchado…necesitaba sentir ser algo o alguien y lo hacía a atrasé de esos «yo soy». El ego, siempre cogiendo lo espiritual para su propio beneficio.
Fue revelador ver esto para mi. Sentí cierta tristeza y me pedí perdón por haberme puesto todas esas etiquetas para sustituir el verdadero amor. Pude sentir como Dios abrazaba mi corazón para llevarse esa culpa y me dijo amablemente: no quiero que te deshagas de esas etiquetas, más bien lo que quiero es que me dejes usarlas contigo para compartir y amar ahí fuera. Las usaremos para amarte a ti también.
En ese momento comprendí todo. Yo sólo debía dejar que Dios me pusiera el traje que Él quisiera para actuar a través de mí. Ser un canal para servir a Dios, al Amor y dejar de servir a ese yo ausente de amor.
Con esta anécdota que te cuento, ahora te invito a que mires tus etiquetas. ¿Para qué las estás usando realmente? ¿Para qué quieres ser eso que quieres ser? ¿Con qué etiquetas te identificas y qué es lo que sientes que te dan? Porque si las miras con honestidad verás que están sustituyendo al verdadero Amor que sólo tú, que solo la Fuente te puede dar. Cada etiqueta está ocupando el lugar de tu verdadera esencia. Yo se las entregue a Dios, Él sabe mejor que yo para qué estoy aquí, y me hace más feliz que cualquier etiqueta que yo me ponga o me quiera creer.
Amarte es un camino de desapego en el que también te desprendes de todas las etiquetas para reconocer el Amor Real en ti.
Te comparto un vídeo para que puedas profundizar más en esto.
Siempre, con todo mi Amor;
Rebeca BenLuz



