Quien tiene magia no necesita trucos
El precio de Ser uno mismo a veces se paga caro…pero nada se compara con poder mirar de frente y sin pena al espejo.
Mírate al espejo…¿qué ves? ¿qué sientes? Mírate a los ojos con total sinceridad.
Eso es lo que hice yo un día y lo que descubrí fue que algo en mi interior no se sentía cómodo…era como un vacío que insistía en que entrara ahí a pesar de que no era nada agradable.
Lo que vi me espantó, pero a la vez fue revelador.
Siempre queremos cambiar nuestra vida para mejor, pero no se trata de nada exterior. Pocas veces nos miramos al espejo con profundidad para sentirnos totalmente a nosotros mismos por miedo a qué nos podemos encontrar, y preferimos no mirar y enterrar lo que sea con falsas emociones y haciendo como que no importa lo que se esté cociendo en nuestras profundidades. Yo a eso le llamo «anestesiarnos», anestesiarnos de la realidad de nuestro sentir con pensamientos que parecen razonables y convincentes que te dicen «todo esta bien, no pasa nada». Y así, nos ponemos la máscara del ego para ocultar inconscientemente lo que está latente buscando salir a la superficie.
Una parte de mí se había cansado de algo, no sabía bien de qué, pero me sentía con una calma y una aparente felicidad que requirió de una fuerte honestidad por mi parte. Me senté y me dije: en realidad siento que hay algo más y que esto que estoy viviendo no es algo completo.
Una vez me dijeron que es difícil sentir paz y felicidad completas. Menos mal que no me dejé convencer por esas creencias externas, pues lo que veía era que quien me lo decía no lo había alcanzado, lo que no significaba que no existiera.
Cuando hice esa parada y mirada interior con total franqueza, me encontré con que en mí no había nada malo, sino obstáculos que yo misma me había puesto en La Paz y la felicidad completas.
Entonces, decidí tomar una elección: a partir de ese momento me iba a centrar en trabajar en mí con más profundidad para encontrar la verdad.
Esa elección tuvo efecto inmediato en mí, y una de las cosas que mi intuición me guió a hacer fue comprometerme con algo que ni por asomo se me hubiera pasado por la mente hace tiempo: entregarme completamente al amor.
Sabía que hasta ahora lo que había vivido en mi vida no podía ser amor, así lo sentía, y no me equivoqué.
Cuando echaba la mirada atrás en mi experiencia de vida, había momentos muy buenos, pero sentía que faltaba algo. Observaba a mi alrededor (siempre he sido muy observadora), las relaciones, las personas, a mi… y lo que veía tampoco me parecía real y completo. Eso no podía ser amor.

Pedí ayuda, una señal del universo que me aclarara qué pasaba, que me estaba pasando y que me respondiera qué era el Amor real, la Vida, quién era yo y para qué estaba aquí.
Entonces mi vida empezó a moverse completamente. Me mostró una especie de guiño de lo que era sentir Paz completa, sentirse en casa, totalmente feliz en compañía De Dios, en un Amor Puro sin condicionantes ni patrones aprendidos, sin máscaras, donde todo fluye sin forzar nada. Una claridad total.
Mi mente no podía creerlo. La mente-ego no cree en el Amor, cree en sus esquemas, en sus falsas ideas, pero no en la Verdad del Amor.
Fue entonces cuando decidí entregarme aún más a ello y tener una vida basada en lo que estaba experimentando en ese momento.
Entonces, mi Ser más profundo me dijo algo: «¿Estás preparada para algo tan grande?» mi respuesta siempre fue sí. Pude reconocer en ese sentir que conllevaría trabajo por mi parte. Tanta grandeza y poder requiere de una gran responsabilidad, y yo estaba decidida a asumirla.
Desde ese instante, mi Ser, mi Guía, Dios, el Universo…ha estado sacando a la superficie todo lo que me alejaba del Amor real, de La Paz absoluta, de la abundancia que Dios tiene para darnos.
No se trataba de darme algo que yo ya no tuviera, si no más bien de retirar del medio todo aquello que me alejaba de la verdad del amor puro, del amor De Dios, de lo que yo era y soy en realidad.
Durante este proceso he podido ser muy consciente de que todo, absolutamente todo, cada paso, cada parte purificada de mi ego, cada máscara que se desvanecía me conducía a algo muy importante: me estaba volviendo más auténtica.
A la vez que iba dándome más y más amor en todas aquellas carencias, creencias, miedos y culpas que el ego tiene guardados para alimentarse y seguir existiendo, mi autenticidad, iba saliendo más a la luz mientras mis ego se iba (y aún trabajo en ello) disolviendo.
La autenticidad me estaba haciendo feliz cada día más. Me iba dando seguridad; es seguro ser uno mismo, no la máscara del ego, sino lo que hay debajo. Es lo más seguro que hay y eso trae una paz indescriptible.
Elegí ser sincera y fiel a mí misma, a mi sentir, y eso iba definiendo aún más mi autenticidad.
¿Cómo se puede ser realmente feliz cuando vives de las apariencias del ego para adaptarse a sus programas y así ser aceptado por los demás? Eso jamás trae felicidad real. De hecho, te hace esclavo de los demás, privándote de descubrir tus propias energías y los deseos de tu alma.
La autenticidad requiere de mucho amor por tu parte. De amar lo que nunca fue amado por tu ego: tu esencia. De esa manera es que la vas descubriendo y la vas permitiendo salir.
Reconocer tu grandeza a través de tu autenticidad es todo un logro. Vas valorando cada vez más todo lo que eres a cada instante. De tu corazón comienza a salir todo lo que hay. Te permites amar de verdad; darte y recibir de ti, De Dios.
Dios no te quiere perfecto como el ego te ha enseñado; el ego en realidad no enseña nada, sólo impone sus reglas, sus patrones, sus ideas neuróticas basadas en la ausencia de amor. Dios te quiere auténtico, tal y como te diseñó y creó para hacer tu verdadera función: crear junto al Él, amarte como El te ama, amar como El ama y que recuerdes el amor que tienes por El.
Es la autenticidad de nuestro Ser lo que nos da todo, nos hace ser todo y nos permite recibir toda la grandeza de la vida y De Dios.
Cuando realmente decides amarte y elegirte a ti primero, tu autenticidad se dispara y eres consciente incluso de todas aquellas cualidades que te estabas negando. Yo he ido siendo consciente de todas mis cualidades, y sí, son muchas y muy grandes. Esto para el ego suena a «arrogancia», como si fuera algo malo descubrir, valorar y dar tributo a tus maravillosas cualidades. No entendemos que valorar tu grandeza es valorar tu unión con Dios; es valorar la verdad del amor y vivir alineado con lo que Eres, con tu autenticidad.
Ser auténtico es asumir la responsabilidad por ser la Divinidad que eres, y reconocerte libre en ello.
Esa libertad te dice: «tienes suerte de ser diferente», y te relajas en ello.
Como siempre digo, ser auténtico es una elección, una decisión; a partir de ahí es responsabilizase del trabajo interno de darse amor e ir retirando todo aquello que no eres y que te mantiene esclavo de la máscara dependiente que rechaza tu grandeza interior.
Ser auténtico es soltar el control, pues en tu autenticidad estás en unión con Dios y ahí siempre estás a salvo. Cuando no sueltas el control estarás sujeto a la máscara del ego, y en el ego jamás estarás a salvo. ¿Quién puede estar a salvo en la mentira, en el miedo, en la dependencia…? Eso jamás dará paz absoluta ni seguridad verdadera.
Espero que tomes la elección correcta (la del Amor, la de la autenticidad), porque, al fin y al cabo, ser auténtico es hacer visible tu alma, y si estás leyendo esto es que tu alma está anhelando que la hagas visible, para ti y para el mundo.
Con todo mi Amor;
Rebeca BenLuz



