Cuando dejamos de buscar nuestra mejor versión nos dormimos en las ilusiones y conformismo del ego alejándonos del Amor Real en nosotros renunciando a nuestra esencia más auténtica y Divina
Tu auténtico Ser jamás se conformaría con una versión falsa de sí mismo. Jamás aceptaría limitarse en lo más mínimo. Tu Ser auténtico reclama todo en esta vida: pasión, dicha, libertad, abundancia, Amor, paz, emoción…porque todo eso y más es lo que en verdad Es. No vino aquí a vivir nada a medias, no vino aquí a vivir una realidad que no es la suya; no vino aquí a sufrir, a acomodarse en ideas miserables, a vivir lo mediocre o ser una copia obedeciendo a maneras de ser que no son para nada las suyas. No vino aquí para agradar a otros y despreciar su gran potencial. Tu Ser Auténtico vino aquí a ser realmente feliz y a mostrarte todo lo que eres capaz de ser, hacer y tener. Vino aquí para servir a Dios, para hacer realidad su gran sueño, su Plan Divino en el que tú eres siempre colmado de una gran satisfacción en tu corazón con todo lo perfecto que ya fue creado para ti.
Me recuerdo hace unos años paseando como siempre solía hacer por el pinar que estaba cerca de mi casa. Desde el silencio de ese lugar reflexionaba interiormente sobre mi vida actual.
Había logrado muchas cosas; tenía un trabajo que me gustaba, una casa bonita, un marido…pero a pesar de eso mi corazón no se encontraba del todo satisfecho y podía ser consciente de cierta incomodidad dentro de mí.
¿Era yo aquella que estaba viviendo esa vida de esa manera? ¿Era realmente eso lo que yo quería?
Podía además sentir claramente en mí como todo, desde hacia ya tiempo, había llegado como a su máximo, un máximo donde ya no irían a más las cosas. Podía mejorar en mi trabajo y ganar más dinero, pero eso no me atraía porque seguía sintiendo que aún así había tocado el límite de algo dentro de mí. Es una sensación que te dice: «aunque hagas más, tú no serás más. Aunque consigas más cosas fuera tu no avanzarás más».
Seguí paseando. Me quedó claro que el camino para sentirme como quería no era dar más en mi trabajo para conseguir más cosas.
Había escrito un libro con el que gané un premio. Había llenado clases hasta tener lista de espera. Había subido a escenarios para hablar delante de muchísimas personas. Había dado conferencias a nivel internacional para conocidos canales de internet, participado en la radio, salido en prensa. Había llenado horas de sesiones privadas y ayudado a mucha gente. A base de esfuerzo y más de una lágrima, había alcanzado cosas que mucha gente hubiera querido alcanzar.
Todo esto lo iba repasando en mi mente. No estaba despreciando lo que había conseguido para nada, me sentía bien con todos mis logros porque sabía todo el trabajo y empeño que puse en ello hasta conseguirlo, pero dentro de mí algo parecía muerto, bloqueado y confuso.
Hice una recordatorio de mi relación con el que entonces era mi marido. No fue una relación fácil en muchos aspectos. Llegó un momento en el que por mucho que yo empujara de la relación, por mucho que yo me hubiese adaptado y obligado a aceptar que era lo que había y convencerme de muchas cosas, por dentro sentía cansancio e insatisfacción. En mi corazón había algo que no terminaba de cuajar completamente. Por mucho que me engañara y aparentara que todo estaba bien y que no era necesario ser completamente feliz, mi interior se rebelaba en muchas ocasiones para sacarme de un conformismo y comodidad que solita me había inventado para acomodarme a los patrones y creencias que mi mente arrastraba.
Seguí caminando hasta el final de un sendero y me senté en un árbol que llamó mi atención por su robustez y su gran tronco. Durante unos minutos cerré los ojos para tocarle y posar también mis manos en la tierra.
Cuando abrí los ojos recordé una conversación que tuve con una persona donde me decía: Cuando no necesitas a tu pareja porque has vivido muchas cosas y has ido creciendo, le miras y te preguntas por qué estás con esa persona realmente.
A mí me había pasado. Yo miraba a mi marido y tenía la sensación muchas veces de ser una extraña dentro de mí misma y en esa relación. ¿Qué hago yo aquí? Pero la mente se las hace para darse a razones. Inventa muchas cosas que te convencen de por qué sigues ahí, y sigues adelante hacia ningún lugar. Fui consciente de eso en mi momento árbol. Tuve el valor por primera vez de mirar todo esto de frente y reconocer el sentimiento de que esa relación también había llegado a un tope, a su final. Y que a partir de ese final podía continuar conformándome sin que ya nada fuera a más o tomar otro tipo de decisiones arriesgadas pero que me sacarían al menos de allí. Sabía perfectamente que no podríamos profundizar mucho más en nuestra relación porque yo estaba cambiando en otra dirección. Todo había ido en decadencia hasta mantenerse en una línea de «esto es lo que hay», ni para adelante ni para atrás. Aunque en verdad lo que no avanza, crece y profundiza sólo puede ir a menos dentro de uno mismo aunque fuera se mantengan las cosas como siempre.
Seguí reflexionado en todas estas cuestiones, en cada parcela de mi vida. Podía también sentir como en mis amistades también todo había llegado a su máximo y ya no se ganaba en profundidad. Todas esas relaciones que me rodeaban permanecían en un mismo punto.
A partir de ese día y de ver todas estas cosas, caí como en una especie de apatía, aún aparentando en el exterior otra cosa, yo no me sentía satisfecha ni realmente feliz.
Caí en la comodidad de estar en casa y creerme esa comodidad, trabajar menos y acostumbrarme a un estilo de vida que no me hiciera sentir «ni tan mal». Ya que no me sentía realmente feliz, al menos buscar una comodidad dentro de ello. No me sirvió.
Cuántas más horas pasaba sola meditando, más consiente era de la verdadera incomodidad hasta convertirse en algo de lo que ya no podía escapar. Intenté arreglar lo de fuera pero no servía. Era un ir y venir que se repetía cada vez más. Me conformaba, pasaba días creyendo que estaba todo bien, y después otra vez caía en esa apatía; la intentaba de nuevo arreglar fuera empujando del trabajo y mi matrimonio creyendo que está vez sí me sentiré mejor. Duraba un tiempo y en breve todo volvía a estar como siempre. No había avanzado nada en verdad.
Durante todo ese tiempo que duró ese círculo vicioso que se repetía una y otra vez, no me daba cuenta de que estaba aparcando lo que yo realmente quería, que estaba haciendo oídos sordos a la verdad de mi corazón, que me estaba abandonando a mi misma y que me había perdido en una vida que poco tenía que ver en verdad conmigo y mucho que ver con todo lo que mi mente ego escondía.
Había desaparecido en una versión de persona que me hizo olvidarme casi por completo de mi ser real. Me había convertido en una versión miserable y mediocre, conformista, cómoda, limitada y mendiga de muchas cosas, aunque en paralelo también estaba despertando mi verdadera versión para sacarme de todo eso.
Durante un año estuve trabajando con una de mis maestras lo que me estaba sucediendo, y juntas abordamos mi amor propio y muchas cosas que me estaban nublando y bloqueando en mi camino dentro de mi mente. Tras ese año me divorcié, tomé las riendas de mi vida, retomé mis sueños y me entregué a esa versión de mí que estaba saliendo cada vez más a la luz. El valor para salir de una vida que ya no tenía que ver conmigo creció a medida que me daba más amor y me escuchaba interiormente. Aprendí a escuchar más a mi corazón y defender lo que sentía en mi interior, pues intuía que había mucho más para mí en todos los aspectos, y que existía lo perfecto para mi. No quise escuchar a nadie. Sus limitaciones ya no eran las mías.
Con honestidad observé el entorno del que también había formado parte, y las versiones en las que me movía eran iguales que esa versión que a mí me había arrastrado. Teniendo en cuenta que todo es energía y funciona por atracción, no podía ser de otra manera. Pasaba más tiempo alimentando esa versión miserable por mi entorno más cercano que despertando a mi verdadera versión más grande e ilimitada. No me había rodeado de personas que apoyaran realmente mis sueños y mi mejor versión, sino que había estado tirando de la gran mayoría dejando mi energía en ello y no viendo realmente lo que estaba sucediendo en mi interior.
Algo que vi con claridad al ver todo esto en mi nueva casa, ya sola y decidida a encontrar profundamente mi mejor versión, es que el Amor dentro de mí que cada vez crecía más estaba haciendo que mi entorno fuera cambiando progresivamente. Cuando nuestros entornos no cambian es que aún estamos en nuestra vieja versión. Uno se transforma hacia su auténtica versión, hacia su mejor versión que tiene que ver con el Amor Real en ti, e inevitablemente el entorno se transforma totalmente con lo que se va alineando con el amor y con esa versión real de tu ser. Si el entorno se sigue manteniendo es que mucho amor uno no se está dando y sigue atrapado en la versión limitada; uno no ha crecido, esa la es la verdad.
Podremos llenarnos de razones convincentes. Podremos contarnos mil historias para mantenernos en el mismo entorno. Podremos engañarnos las veces que queramos y caer en las trampas de nuestra mente ego hasta morirnos, pero si nuestro entorno permanece es porque no queremos soltar nuestra versión limitada y vieja que creíamos ser y estamos rechazando aún nuestra mejor versión, nuestros sueños, nuestro auténtico ser, nuestro crecimiento y nuestro propio Amor.
Durante las horas de viaje hasta mi actual cuidad sólo sentía enormemente algo y eran las tremendas ganas de mi corazón por descubrir mi mejor versión, por cumplir mis sueños, por reconocer el verdadero Ser que soy y vivir completamente la vida perfecta de la que mi corazón me hablaba, de la que Dios, sin yo saberlo, me hablaba.
Mi corazón sabía perfectamente lo que quería; sabía de mis amistades perfectas, de la familia perfecta, del trabajo perfecto, del estilo de vida perfecto, de mi pareja diseñada perfectamente para mí, de la relación perfecta y de mi Ser perfecto. Porque como siempre digo, Dios no crea imperfecto. El Amor Real es perfecto. Y no es esa perfección de la que nos habla la mente, es la perfección que sólo proviene del amor incondicional por uno mismo, por Dios, por la Vida. Un amor que nos habla de tolerar sólo amor y no conformarnos con menos de los perfecto para nosotros.
Esa es nuestra mejor versión, nuestro Ser auténtico que nos recuerda lo perfecto y nos saca de las ideas del ego y de su versión miserable.
Y a pesar de los desafíos tan grandes que a veces aparecen para soltar la versión mediocre y miserable del ego, siempre el Amor Real nos ayuda a atravesarlos, cada vez con más valor, con más fuerza, con más compromiso, con más persistencia. Porque el Amor Real nunca falla.
Así que no, no me conformo con menos de lo perfecto para mí. Lo único que se necesitas es elegir el amor en vez del miedo, y yo soy de las que eligen y siempre elegirá el amor y no el miedo. Así es como me he ido abriendo a recibir a la que es hoy mi gran familia tal y como mi corazón sabía que existía; así es como pude reconocer a la pareja que Dios creó perfectamente para mi; así es cómo he descubierto el trabajo perfecto que aguardaba en mi corazón, un propósito que va mucho más allá de la mente porque es De Dios. Así es como he cogido el camino directo que me está llevando a la vida perfecta que mi corazón siente y anhela con tanto Amor. Así es como estoy conociendo a las personas más maravillosas que están compartiendo este mismo camino de Ascension al Amor, dándonos la mano sin buscar sustraer los unos de los otros, sino compartir y expandir todo lo que estamos aprendiendo en nuestro viajen hacia nuestra mejor y auténtica versión. Y no, ya no me conformo con menos. Elijo el Amor Real. Elijo mi mejor versión..
¿Elegirás tú lo mismo? Espero que sí. Estoy segura de que sí.
Te animo a ver el siguiente vídeo en el que te explico con algo más de detalle sobre tu mejor versión.
Con todo mi Amor;
Rebeca BenLuz





