Hay que recordar que el Amor y la Paz son las mayores amenazas para el ego, que se defiende recurriendo a las atrincheradas posiciones que se encuentran ocultas en el inconsciente

– Dr. David R. Hawkins»

Existen muchas señales que nos indican lo que tenemos que mirar en nuestro interior. Tendemos a interpretar las señales como algo que nos habla de lo de fuera, de alguna ciscursancia o de algún deseo que nuestra mente alberga; no es así. Nuestra Esencia está siempre en directa conexión con el Universo, forma parte de él de una manera que no podemos imaginar, de manera que las señales que podemos percibir nos hablan de nosotros mismos a través de esa conexión, señalándonos en qué lugares internos no hemos mirado aún para darnos amor o de qué manera o con qué paso estamos llamados para ir hacia el Amor Real en la dirección en la que nos indica nuestra Alma a través de esas señales. Estamos rodeados de señales todo el tiempo, pero las pasamos por alto porque seguimos hipnotizados por los sentidos del ego, adormecidos en la ausencia de amor propio. 

«El Amor más grande»- Rebeca BenLuz-

Recuerdo el día en el que pedí una señal clara para verificar algo que sentía en mi corazón con mucha claridad pero con lo que mi mente luchaba mediante dudas, orgullo y miedo. Tenía que ver con tomar la decisión de continuar adelante en un camino que se me había presentado y que, por mi vieja personalidad, no lo habría hecho ni por asomo. Pero era tan grande mi sentir…tal vez tan grande como en ese momento lo eran mis dudas, así que me rendí para no continuar esa lucha interna y pedí una señal.

Recordé en ese instante a uno de mis maestros contándome la historia de la primera vez que pidió una señal y cómo esa señal le llegó de una manera muy clara. Cuando le escuché me dije: «yo nunca he pedido señales, pero sí que las veo…¿por qué será?». No sé si nos las pedía porque ya las veía y no las necesitaba o porque nunca antes se me había puesto delante de una decisión en la que estaba en juego, y bastante, el orgullo de quien me creía ser; un orgullo que había estado equivocando con amor propio. Pedí la señal y solté cualquier expectativa. Me olvidé de ello y proseguí el día con normalidad.

A la mañana siguiente encendí mi teléfono y miré mis mensajes de whatssap. Mientras los leía me vino la sensación de la señal; no un pensar sobre la petición que había hecho, sino una sensación interna que me hizo revisar la foto de mi perfil en el teléfono. Había una foto de la playa donde suelo ir. No era la foto que yo tenía puesta. Mi cabeza empezó a dar vueltas…¿qué estaba pasando? Yo sabía la foto que tenía, no la había cambiado. Mi mente no paraba de dar justificaciones, razonamientos a lo ocurrido. «La habré cambiado sin darme cuenta…» Hice caso por unos minutos a mi mente, pero de nuevo apareció ese sentir con más fuerza, y me senté a meditar en la cama. Dejé que se vaciaran todos mis pensamientos y me vino una imagen muy nítida desde el centro de mi frente: era yo de madrugada, cogiendo mi móvil y haciendo algo con él. Estaba profundamente dormida, y a la vez estaba haciendo algo que tenía un propósito. Después apareció la foto de la playa en mi mente y sentí claramente que me estaba indicando que tenía que ir allí.

Aparqué todos mis planes de la mañana y me fui a la playa. Según iba en el coche un pensamiento pasó por mi mente: «me encantan los brillos. La energía tiene brillo aunque no lo veamos» Fue un pensamiento sin más, al que no le di mayor importancia.

Ya en la playa, me senté y me di cuenta en ese momento cómo necesitaba sentir la arena en los pies, respirar y observar sin más, descansar…cerré los ojos y me dije: por esto era la foto, necesitaba relajarme de esta manera. Sentí cómo mi mente y mi cuerpo entraban en un soltar completo, sintiendo una gran paz. No sé cuanto tiempo pasó hasta que abrí los ojos. Y cuando les abrí, ahí estaba la señal…delante de mí había un manto de brillos de luz que cubrían parte del mar y que a la vez se apoyaba en él y le penetraban. Jamás había visto algo así. No podía dejar de sentir un amor enorme en mí y ver con total claridad la decisión que debía de tomar y por qué. Aquello que me generaba tantas dudas desapareció. Todo estaba muy claro, podía confiar en dar ese paso e ir en esa dirección.

Mi parte más «científica» sacó fotos de aquel manto. Quise saber qué veían los demás. Yo en las fotos lo apreciaba perfectamente; mi sorpresa fue que a las dos personas a quien se lo mostré no lo veían, sólo percibían el mar y un poco de la luz del sol. Nada más. En esos momentos es como si todo se me viniera abajo, y me dije, Rebeca estás flipada. Aún así, algo en mi interior insistía; no, yo sé lo que estoy viendo, lo que he visto y sentido. Y justo unos minutos después me sonó el teléfono. Eran una pareja de amigos que querían verme para comer. Accedí a la invitación y durante la comida no pude resistirme a enseñarles las fotos. La cara les cambió, y sonriendo me dijeron: son preciosas. Menudo manto de brillos, es una señal ¿lo sabes? Les miré y volví a sentir aquella sensación de paz y amor de la playa, y en los ojos de ellos dos pude ver un brillo especial.

Cuando llegué a casa me senté y volví a ver las fotos. Repasé el día y fui consciente de algo: las cuatro personas me estaban mostrando mi propia lucha. Si elegiría lo que mi mente ego me decía o lo que sentía en mi corazón. Si iba a creer a los primeros o a esta pareja. Cerré de nuevo los ojos y dije: creo en mi, y quiero que la verdad me sea mostrada; solté cualquier tipo de expectativa, de control,  y rápidamente sentí mi corazón abriéndose. La imagen en el centro de mi frente dio paso y el manto de brillos volvió, esta vez de manera más clara y sentida. Noté una mano en mi espalda invitándome a pasar a través de ese manto. Sentí una paz aún mayor. Tras ese manto apareció otra visión muy vívida: a dónde me iba a llevar ese camino si lo hacía completamente y me entregaba a él. Estaba todo tan claro que no sabría cómo explicarlo. Es como si tu Alma te mostrara uno de sus destinos y la importancia de llegar a él. Ahora la decisión era más segura y la señal era muy cierta. Tomé firmemente la decisión de seguir en esa dirección y por ese camino.

Por la noche, mientras cocinaba me pregunté si haría falta algo más ahora que ya había tomado aquella decisión claramente. Dejé la pregunta en el aire y dije: Dios, si hay algo más, házmelo saber.

Entonces me entraron ganas de escuchar música. Me puse mis cascos, cogí el teléfono y justo antes de buscar la música escuché la voz de una de mis maestras decirme: «O vas con todo en este camino o mejor no vayas. Ir con todo es estar dispuesta a enfrentar cualquier desafío, sea el que sea, y no abandonarte a ti misma ni tirar la toalla cuando surjan».

Cuántas veces me he sentido a mi misma decir eso…Soy de desafíos, va conmigo desde luego. Cada vez que que he enfrentado en mi vida algo o he tomado alguna decisión que requería de valor, me decía eso…voy con todo y no hay vuelta atrás, pase lo que pase…

Pero esta nueva decisión implicaba mucho…implicaba renunciar a todos los planes que mi mente se había creado, a la vida que mi mente se había imaginado. Renunciar a todo lo que creía que era lo mejor para mí. Renunciar a mis expectativas…en definitiva, renunciar a mi mente totalmente para ir únicamente en dirección de lo que profundamente sentía, aunque fuera en contra de lo que mi ego quería. Es como si ya no pudieras ir más en contra de tu corazón, de tu alma, por mucho que la mente te arrastre en dirección opuesta con sus convicciones que parecen razonables o lógicas.

Fue en ese momento cuando también me di cuenta de cuál eran en verdad esos desafíos, esas pruebas que te dicen una y otra vez: ¿vas a elegir a tu mente o a tu corazón, a tu alma? ¿vas a elegir a Dios o al ego? ¿vas a elegir tus creencias y el miedo o vas a elegir la verdad y el amor? Y son esos desafíos los que son los pasos de todo este camino.

Ahora sé lo bien que me conocen mi Ser, Dios, el Amor…porque esa visión que me dio, como otras vivencias relacionadas con ella, estaban relacionadas con el Amor Real, el Amor Puro, con la Verdad última. Y cuando las has visto, sentido y estado allí, por breve que haya sido ese adelanto, vas con todo y más. Dios supo dónde tocarme, y tocó mi alma. Bien sabe Dios que tiene que haber algo muy muy grande, algo realmente valioso que tenga que ver con mis valores internos y que sea más grande que «yo» para moverme sin dudas y querer atravesar lo que sea. Mis valores más importantes son el Amor Real, la Libertad Real, la Verdad, mi crecimiento y la contribución a los demás a través de esos valores. Y también bien sabe Dios que los valores que socialmente nos han vendido no van conmigo. Antes iban…pero a medida que uno evoluciona debería de revisar sus valores y si su vida se corresponde con los actuales.

Si, Dios me conoce muy muy bien, y por eso me adelantó el destino, eso que podemos llamar «El Plan Divino»,porque por algo así  yo iría con todo. Y me hizo ver también que el camino que mi mente tenia planeado se alejaba de esos valores, del Amor Real y de ese Plan, aunque el ego me engañaba astutamente haciéndome creer lo contrario.

Dios no nos quiere ocultar nada. No quiere ocultarnos nuestro Plan, no quiere ocultarnos SU plan. Tampoco nos quiere ocultar el camino que es a través del Amor Real dentro de nosotros, ese amor propio que nos ayuda a descubrir quiénes somos y a descubrir lo que es el amor divino y nuestra relación con Dios. Tampoco quiere ocultarnos los pasos, sólo nos pide que les demos llegado el momento, instante tras instante, en el momento presente, porque los pasos sólo son revelados en la verdad, y la verdad sólo está en el momento presente que es lo único que existe. No quieras saber el paso de mañana, no hay un mañana, esa es la ilusión de la mente, de tu ego, de tu miedo, de tu control…y sabes…lo que no es real, para Dios no existe. No, Dios no nos quiere ocultar nada, todo está en este momento para que disfrutes del viaje, para que disfrutes incluso de tus desafíos internos…porque cuando los atraviesas recuperas el poder del Amor, de la Verdad y de la Libertad. Con cada desafío creces y contribuyes más de lo que imaginas. Vas desvelando aún más cosas de tu Plan Divino, alinénadote más con el, sintiéndole contigo como una extensión de ti y De Dios.

Si supiéramos lo que es en verdad el Amor Real, todo lo que nos da y de lo que nos quita…no lo pospondríamos más. No dejaríamos para mañana amarnos a nosotros mismos para descubrir el Amor Divino en nosotros.

Y cuando decides entregarte a ese Amor Incondicional y Perfecto, todo se acelera. Y las señales son más evidentes, más claras, más usuales…

Hace mucho tiempo yo decía que los procesos internos se podían acelerar, no sabía cómo, pero sentía que había una manera. Nadie me creía. Ahora sé por propia experiencia, por mis últimos maestros y por los compañeros que están compartiendo las mismas enseñanzas conmigo que es cierto. Si algo nos unió y nos hizo encontrarnos, si algo hizo que acelerásemos nuestros propios procesos internos fue la misma elección central que tomamos. De esta elección te hablaré más adelante…cuando sea el momento…aún quiero mostrarte más cosas, pues esta elección requiere de otros pasos previos. De momento, no pospongas tu amor propio.

Aquí te dejo un vídeo en el cuál te comparto por qué solemos posponer nuestro amor propio. Espero te ayude a completar este artículo para tu Amor Real, tu Ser y tu Crecimiento.

Con todo mi Amor;

Rebeca BenLuz